Que acida e irónica.

Después de leer lo que habiá escrito anteriormente me ha parecido un poco heavy. No ha sido todo tan malo. En realidad no me quería quitar a mi marido de encima, sólo los malos rollos, la rutina, las mentiras, la rutina de mentiras… Y eso si lo he conseguido.

Recuerdo cuando le conocí. Nos presentó un amigo común, me gustó desde el principio, con ese pelo tan negro, esos ojos tan oscuros, esa cara tan seria y esa mirada que me echó de arriba abajo que parecía que me estaba desnudando. Y parecía que no se le iba a dar mal eso de desnudarme. Llevaba un enorme jersey tipo hippie y unos vaqueros.¡como le sientan los vaqueros, con ese culito pequeño y prieto que tiene!

¡Ay! Me pongo nostalgica, que ganas de apretar su culo me han entrado.

Aunque vive con su nueva pareja, vamos a llamarla por ejemplo Marian, sigo teniendo ganas de tirarmele y las ganas son reciprocas. ¿Qué mal hacemos a nadie? Así que cuando surge la ocasión, pues follamos, nos decimos que nos queremos, y luego cada uno a su casa.